Aún recuerdo la carita risueña de la pequeña que junto a sus padres estaba en la calle esperando posiblemente a un autobús en Little India. Su piel era morena y su cabello rizado. Sus ojos eran muy negros lo cual hacía que resaltara más el brillo de su mirada. No haciendo caso a sus padres, que le hablaban, me miraba fijamente. Quizá con curiosidad por mi pelo rojo o por las lentes de mis gafas de sol que eran verdes. Me acerqué a sus padres para preguntarles si podía sacarle una foto y ambos, muy amables, accedieron. Me sonreía desde el principio y así conseguí plasmar su sonrisa en mi cámara. Bienvenidos a Singapur.

Little India

Colores y más colores por todos lados. La entrada a Litlle India está custodiada por dos enormes elefantes morados hechos con flores uno a cada lado de la acera. La calle estaba en obras y el ruido era ensordecedor por lo que rápidamente, dejamos atrás los mamíferos. Tras cruzar la principal entrada del barrio lo que se ve es una explosión de colores como si del festifal Joli se tratara. Casas amarillas, balcones azules, saris fucsias, ojos color miel, enredaderas negras tatuadas en las manos con henna, puntos rojos en las frentes, especias naranjas en los platos, todo era colorido. Me paré a observar, a empaparme de tanto colorido. Nunca he estado en India y para mí era una especie de toma de contacto con la cultura.

Tras seguir a los locales, costumbre que suelo hacer cuando no sé muy bien hacia dónde me dirijo, llegué al mercado principal. Con el ir y venir de la gente me sentí un poco agobiada porque al final estás más pendiente de que no te pisen o te empujen que de disfrutar. Me da la sensación de que en este tipo de lugares sigues al final a la corriente humana y para cuando te das cuenta, ya estás en la salida preguntándote cómo leñes has llegado hasta ella.

Recuerdo que vi murales con grafitis muy bonitos resaltando la cultura y haciendo una vez de este barrio una paleta de colores. En el centro de Little India hay un templo hindú llamado Sri Veeramakaliamman Temple con una fachada que merece unos minutos detenerse a verla del detalle que tiene.

Little India Singapur

Little India

Arab Street

En este barrio árabe que es el más pequeño de los barrios étnicos de Singapur hay dos calles principales. Una de ellas es bastante estrecha y en los bajos de los edificios normalmente de dos alturas, están todos los comercios. Tiendas de sastrería, estudios de tatuajes o cafeterías. Hay ademeas, varias piezas de arte urbano por esta zona decorando la fachada de los establecimientos.

Haji Lane St Singapur

Haji Lane St

Seguimos caminando hasta llegar a la Mezquita del Sultán que se diferencia por esa enormal cúpula dorada. De frente a esta espectacular mezquita queda una calle muy animada llena de restaurantes árabes. Tengo que confesar que siempre me ha encantado sentarme a tomarme un café, una cerveza o comer en la plaza principal de las ciudades que he ido visitando. Me gusta la idea de verme rodeada de casas señoriales, iglesias, construcciones palaciegas, viejos puentes y gente que como yo, está disfrutando del día. En esta calle pasa lo mismo, puedes degustar un plato típico mientras observas la mezquita y ves pasar a la gente porque hay muchos restaurantes y todos ellos con una decoración fantástica.

Marina Bay Sands y Museo de Artes y Ciencias

Cuando se te queda algo grabado en la memoria tras haberlo visto en una película, en una revista o en Internet y por fin lo ves en la vida real siempre pasan dos cosas. Una, que te lleves una decepción y por ello, te quejes el resto del día y dos, que te impresione aún más. Fue exactamente lo que me produjo ver el lujoso hotel de Marina Bay Sands. Este hotel es conocido por su piscina infinita a la cual aclaro que, no se puede acceder a no ser que pagues la habitación más barata por una noche que a fecha de hoy son 340 euros. Yo que no tengo el morro tan fino, lo que quería hacer era ver el atardecer eso sí desde lo alto del hotel que vale bastante menos y es una experiencia genial. Fue una de las actividades que más disfruté en Singapur.

Compré un ticket que me costó al cambio 13 euros para subir al restaurante C’est la Vie. Lo bueno que tuvo esta opción es que puedes cangear esos 13 euros por una bebida en el bar. Lo malo, es que desde esta terraza no te puedes asomar al enorme balcón. Para ello, necesitas comprar otro ticket en la planta baja que sí da acceso a esa zona pero no a la terraza del restaurante. De todas formas, a mi lo que me apetecía era relajarme en una terraza, tomarme algo delicioso y disfrutar del atardecer con Singapur de fondo. Asomarme al vacío como que no me llamaba tanto la atención y por el mismo precio encima me tomé un cocktail.

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Esta fue mi primera toma de contacto con este icono de la ciudad. El resto de los días no paré de sacarle fotos desde la distancia porque es impresionante cómo se abre al cielo con su estructura y silueta tan diferenciada.

Hablando de siluetas, otro gran edificio que destaca en el skyline de Singapur es sin duda el Museo de Artes y Ciencias que tiene forma de flor de loto y no es precisamente lo que se decide pequeño.

Marina Bay Sands Singapur

Marina Bay Sands

Museo de Ciencias y Artes Singapur

Museo de Ciencias y Artes

Gardens By The Bay

Es como ser una hormiga dentro de un jardín botánico, así es como me sentí en Gardens By The Bay. 

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La idea de este enorme jardin fue introducir la ciudad en una gran superficie verde y lo consiguieron. Lo que más destaca de este jardín son las enormes estructuras de hormigón y acero cubiertas por plantas que dan la sensación de ser árboles como del año 5000 por la forma que tienen. Por la noche además, estos árboles se iluminan al ritmo de la música lo que hace del lugar un espectáculo audiovisual. Creo que es el jardín más…sí, futurista es la palabra, en el que he estado. A día de hoy sólo se encuentran parcialmente cubiertos por plantas así que, habrá que verlos de nuevo dentro de unos años.

Gardens by The Bay Singapur

Gardens by the Bay

Dentro hay un jardín botánico y distintas actividades para hacer pero nosotros paseamos por toda la zona hasta llegar a una enorme explanada para ver las vistas desde lejos. Sin duda, Singapur tiene unos lugares muy especifícos para poder observar estas obras de enormes magnitudes desde la distancia y dejarte con la boca abierta.

Spectra Light and Water Show

Cuando se viaja es muy normal que a veces vayas con el presupuesto un poco ajustado y por ello, se agradece que la ciudad ofrezca actividades gratis. Como ya he comentado antes, Singapur es una ciudad en la que te vas encontrado espectáculos como la iluminación de Gardens by The Bay pero además, todos los días hay un espectáculo audiovisual que dura 15 minutos junto a la explanada del hotel Marina Bay Sands. Yo vi el espectáculo desde la zona de restaurantes donde hay una tarima de madera enorme pero luego, descubrí que también puedes verlo desde un barco recorriendo la bahía.

En el final de este vídeo de YouTube puedes ver un poco este espectáculo que te pone la piel de gallina.

https://www.youtube.com/watch?v=Qro58RSgTjw&t=6s

Comer en Singapur

En Singapur se come genial. Ya comentaba en el anterior post que en Chinatown es uno de los sitios por excelencia para sentarte a picar algo. Además, Singapur cuenta con un local que posee nada más y nada menos que una estrella Michelín. En la ciudad puedes hacer más cosas como escaparte a ver la isla de Santosa o ir de compras por Orchard Road por ejemplo. Mi intención con estos posts era contarte qué es bajo mi experiencia, lo mejor de esta ciudad tan sorprendente. Y ahora, para abrirte un poco el apetito, te voy a mostrar unas fotos de la deliciosa comida de esta ciudad.

Chinatown Singapur

Singapur

Singapur me dejó un sabor de boca totalmente inesperado. Desconocía por completo que era una ciudad con tantos matices y con construcciones arquitectónicas tan impresionantes. Desde luego si viajas al sudeste asiático y tienes la oportunidad de qudarte un par de días o tres en esta ciudad, te lo vas a pasar genial.

Nos vemos muy pronto en el siguiente post.